Blog de Carlos Alonso

La hora de estar con el pueblo

Por lo visto nadie se creyó lo que Fernando Clavijo ha venido diciendo desde hace ya mucho tiempo: que había que cambiar la manera en que Coalición Canaria sirve a la sociedad de las islas. Porque la polvareda política y mediática que se ha levantado con la declaraciones de nuestro candidato a la Presidencia del Gobierno de Canarias no es más que una reacción de asombro por alguien que es capaz de hacer y ejercer  la más elemental autocrítica.

Clavijo ha pedido al partido que baje desde las instituciones a las calles.

Estamos en un tiempo nuevo. También en Coalición Canaria. Clavijo ha pedido al partido que baje desde las instituciones a las calles. Que hable con los vecinos. Que pase por las esquinas de todos los pueblos de las islas. Porque la opinión de nuestros ciudadanos es la nuestra. Y eso que algunos llaman despectivamente populismo significa que no están dispuestos a escuchar la voz del pueblo por encima de las suyas.

Se acabó lo de hacer política para el organigrama del partido. Los partidos están al servicio de la sociedad. Y Coalición está al servicio de Tenerife y de Canarias. Ese es el mensaje que Clavijo ha soltado como una bomba en el seno del nuevo nacionalismo canario. Esa es la gran transformación, el proceso de recapitulación y autocrítica que hemos hecho los militantes y cargos que estamos de acuerdo con que nuestras islas nos necesitan más que nunca y que no podemos fallarles. Las políticas sociales del Gobierno de Canarias durante esta legislatura no han sido buenas. Nadie podrá negar que el Gobierno de CC y PSOE ha dedicado los mayores esfuerzos y la mayor entrega de recursos a mantener esas políticas sociales; seis de cada diez euros de los presupuestos de Canarias han ido destinados a ellas. Pero no ha sido suficiente. Como alguien indicaba esta semana, de forma muy gráfica, es como cuando a un enfermo se le está dando un tratamiento con todas las medicinas disponibles, pero su estado empeora día a día. O se busca un nuevo tratamiento o el enfermo morirá. El recorte de recursos financieros con los que Madrid ha castigado a los canarios ha sido brutal. El Gobierno peninsular, durante este periodo legislativo,  ha tratado peor a quien peor lo ha estado pasando. Ha castigado recortando fondos a una Comunidad que es la campeona de las cifras del paro, la que peores salarios tiene, la que ha arrojado a casi setecientas mil personas al borde de la pobreza y la exclusión social. El terrible fracaso de Canarias durante este periodo es que el Gobierno, nosotros, todos, no ha sido capaz más que de administrar la escasez. No hemos sido capaces de ponernos a la cabeza de los colectivos sociales de Canarias para protagonizar un movimiento de reclamación de ayudas. No hemos sido capaces de enterrar la política del orgullo y del enfrentamiento para entendernos con un Gobierno central del que dependen muchos fondos que aliviarían la situación de cientos de miles de canarios.

Yo aplaudo que empecemos a llamar a las cosas por su nombre, aunque sean nuestras propias cosas y nuestros propios errores o defectos. Que las llamemos como las llaman aquellos que nos votan y que no nos piden excusas, sino soluciones.

Decir que la situación social de Canarias es mala es decir una obviedad. Y reconocer que en cuestión de políticas sociales y específicamente en la aplicación de la Ley de Dependencia, hemos podido hacerlo bastante mejor no es más que recoger la opinión unánime de gran parte de las organizaciones no gubernamentales de las islas. ¿Es posible que sigamos negando lo que es una evidencia? ¿De verdad sirve de algo engañarnos pensando que la gente a la que servimos y para la que trabajamos no tiene razón con sus quejas? Debemos aprender a hacer autocrítica de nuestra gestión, de nuestros aciertos y errores, con la misma contundencia con la que analizamos a los adversarios. No existe peor medicina que la mentira. Y la lealtad a los intereses del partido termina donde empieza la lealtad a los intereses de los ciudadanos a los que representamos. Por encima del pueblo, nadie. Ese es el mensaje que escucho hoy en Coalición Canaria. Un mensaje que nos regresa a pie de calle, al lugar en el que nació esta formación nacionalista y del que nunca debió moverse. Yo aplaudo que empecemos a llamar a las cosas por su nombre, aunque sean nuestras propias cosas y nuestros propios errores o defectos. Que las llamemos como las llaman aquellos que nos votan y que no nos piden excusas, sino soluciones. Y el que no sepa, no pueda o no quiera encontrar el camino…que deje paso, porque esta tierra ya no aguanta más.

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