Blog de Carlos Alonso

Una victoria de las familias de Tenerife

No existe ningún discurso, ninguna palabra que pueda convencer a una madre que está trayendo a su hijo al mundo en un coche camino de Santa Cruz. O en una ambulancia. No existe ningún argumento que pueda convencer a la familia de un accidentado grave que debe recorrer media isla para llegar a un servicio de urgencias hospitalario. Cuando un nacimiento se complica, cuando una enfermedad sufre un súbito agravamiento, cuando un accidente o una parología demanda un servicio de urgencias de primer nivel, la gente no necesita discursos, ni palabras. Necesita justo las urgencias.

El sentido de la función pública es administrar los servicios que se prestan a los ciudadanos, que pagan por ellos a través de sus impuestos. El Estado del bienestar se sostiene con el esfuerzo de todos y todas, de los trabajadores y de las empresas, del comercio, de la agricultura, de la industria… De cada cosa que producimos, de cada fruta que cultivamos, de cada hora que trabajamos, entregamos una parte a la caja común de la sociedad. Lo hacemos para que se nos den a cambio una serie de servicios e infraestructuras llamadas públicas.

Durante décadas, el modelo de asistencia sanitaria de nuestra isla se ha basado en un gran hospital metropolitano, formado a su vez por dos centros hospitalarios. Así fué cuándo la Sanidad Pública dependía del Estado y el Cabildo de Tenerife creó el Hospital Universitario. Y así siguió cuando todos los hospitales y centros se integraron en la red del Servicio Canario de Salud.

Los que defendieron en su día la descentralización de la Sanidad llevándola desde Madrid hacia las autonomías, instauraron un sistema Sanitario basado en centros ambulatorios y de salud que son los encargados de territorializar la asistencia a los ciudadanos. El modelo era y es bueno en campos como la prevención de enfermedades, la proximidad y el conocimiento del médico de la asistencia primaria con sus pacientes… Pero ¿saben qué? Los años pasan y las soluciones que ayer funcionaban muy bien hoy ya lo hacen bastante peor.

Tenerife tiene ya en torno a un millón de habitantes. El número de pacientes de los centros de medicina primaria se ha disparado. Y la distribución de la población en la isla hace que el Norte y el Sur de nuestra isla tengan una concentración de habitantes tan relevantes como el área metropolitana. Seguir ignorando esa realidad es un error que nuestra Sanidad no podía cometer.

El Hospital del Sur de Tenerife es consecuencia de la política, en cuanto que la política es una herramienta para servir a los ciudadanos. Desde diversas instituciones municipales e insulares la política tinerfeña ha actuado eficazmente y ha desempeñado un importante papel reivindicando la necesidad de un centro hospitalario para atender el Sur de la isla, un enclave que por su desarrollo económico y poblacional y por su actividad turística, reclamaba a gritos una atención sanitaria adecuada.

Pero para que todo eso se haya producido, para que los pesados mecanismos presupuestarios se hayan puesto en marcha y las prioridades de gobierno –que son muchas– se hayan cambiado, ha hecho falta la fuerza la gente. La fuerza de las familias, de la opinión pública, de todos y cada uno de los ciudadanos que de una u otra manera han expresado su deseo de contar con un Hospital. Ha sido esa fuerza la que se ha transmitido a los ayuntamientos y al Cabildo. Y ha sido esa fuerza la que ha provocado que en plena época de crisis, en medio de la peor situación, se hayan encontrado recursos en Canarias para darle prioridad al proyecto. Ha sido la presión social del Sur y el Norte de nuestra isla, la que ha logrado que, a pesar de los brutales recortes financieros que Madrid ha sometido a Canarias, el proyecto de los hospitales empiece a ser una realidad.

Disfrutar de una sociedad de bienestar quiere decir que todos tengamos las mismas oportunidades y servicios. Miles de personas del Sur y del Norte dejarán de desplazarse una y otra vez a los centros hospitalarios metropolitanos. Tendrán un Hospital perfectamente dotado en la cercanía de su área de residencia. Y un servicio de urgencias hospitalario para atender con todas las garantías a aquellas personas que lo necesiten. Es lo justo en una isla en la que, para empezar, no tenemos transporte público en las mismas condiciones y con las mismas alternativas que en el territorio peninsular. Y ese es un logro que hay que apuntar a la capacidad de la sociedad tinerfeña, sus ayuntamientos y su Cabildo, de movilizarse con firmeza reclamando y luchando por aquellos sueños que nos pertenecen. Y que nos merecemos. La sociedad debe seguir activa para lograr que ese triunfo sea definitivo.

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