Blog de Carlos Alonso

Vieja y nueva política

En más de una ocasión he escuchado esa frase que se atribuye a Goebbels, aunque en realidad sea de Lenin, de que una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad. Y lo he escuchado porque se ha puesto de moda lanzar una y otra vez una afirmación carente de todo fundamento, pero que pueda ser tomada por verdadera a base de mantenerla en el tiempo.

Les voy a poner un ejemplo. Cuando se celebraron las elecciones locales, los nacionalistas tuvimos la lista más votada en el Cabildo de Tenerife. Y entonces empezaron a cuestionarnos sobre qué pacto teníamos pensado firmar. Les explicamos a todos los que nos preguntaron qué más importante que “con quién” era “para qué”. Porque consideramos entonces –y consideramos ahora– que lo importante para los ciudadanos es que les gobiernen aquellos que se pongan de acuerdo en la manera de resolver sus problemas. Nosotros no establecemos cordones sanitarios en torno a nadie y estábamos –y estamos ahora– abiertos a trabajar con cualquiera que pretenda lo mejor para nuestra Isla.

Entonces empezó a repetirse lo que ya se había sugerido antes de las elecciones. Que mis preferencias estaban por un pacto con el PP. No era cierto, pero no importaba. Una y otra vez se sugería que el pacto entre nacionalistas y populares “estaba hecho”. Cuando firmamos el acuerdo de gobierno con el PSOE, que ha venido funcionando razonablemente bien, con lealtad y con un trabajo excelente de todos los consejeros de uno y otro partido, nadie reconoció públicamente que se había equivocado. O que había mentido. Sencillamente se callaron los rumores durante una pequeña temporada.

Pero hay gente que cuando la realidad no les da la razón, persiste en el empeño de seguir contando su propia película, solo que acomodándola a lo que resulte creíble. Una vez que los agoreros la pifiaron diciendo que estábamos por firmar con el PP, la nueva versión era que el pacto estaba a punto de romperse porque el presidente del Cabildo –es decir, yo– tenía pensado pactar con los populares. Que estaba hecho y sólo estaba esperando a que pasaran las elecciones. Pasaron y no pasó nada. Y de nuevo los que habían mentido volvieron a guardar silencio. Pero no por mucho tiempo.

Cuando hice una crítica más que merecida a Obras Públicas porque el Cabildo había adelantado un dinero para el Anillo Insular y la obra seguía sin hacerse, las campanas se lanzaron al vuelo. Era un ataque al “área socialista” del Gobierno. Y cuando hemos sostenido discrepancias por las políticas de empleo social, es un ataque a la parte socialista del Gobierno. En Coalición Canaria tenemos por costumbre que antes que nuestra gente no hay nada. Y si para defender los intereses de Tenerife tenemos que realizar algún tipo de crítica razonable, la hacemos. Y la haremos. Quienes llevan repitiendo una y otra vez que queremos un pacto con el PP –y que yo personalmente lo deseo– no hacen más que repetir una mentira en la creencia de que repetirlo una y otra vez puede transformarla en realidad.

No tendría ningún inconveniente en gobernar con ningún partido siempre y cuando nuestro programa de trabajo contemplara los grandes asuntos estratégicos que esta isla necesita. Ese es el espíritu del Pacto por Tenerife que propuse antes de las pasadas elecciones locales. La vieja política consiste en el enfrentamiento por el enfrentamiento, en las luchas de poder de los partidos más preocupados por conquistar escaños e instituciones que por resolver los asuntos de los ciudadanos. La nueva política está marcada por la gente. Esa gente que nos vota para que nos ocupemos de administrar el dinero de sus impuestos para devolvérselos en servicios y obras de interés general.

Hay gente que sigue viviendo en esa vieja política. Y lo juzga todo en clave de si uno está conspirando para gobernar con éste o con aquel, en función de aferrarse al sillón del poder. O conspirando contra sus alcaldes, para sacarles a la fuerza y ocupar su sitio con el antiguo refrán del “quítate tú para ponerme yo”. Ese no es el caso de los consejeros de este Cabildo insular, de todos los partidos políticos, que se mantienen ajenos a otro cometido que el de trabajar responsablemente por defender sus ideas para hacer una isla mejor. No digo que en las próximas elecciones locales cada partido pretenda aparecer ante la sociedad como la mejor opción. Es su derecho y su vocación lógica. Pero cada cosa en su momento. Ahora toca trabajar. Tenemos nuestras discusiones, nuestras diferencias y nuestras visiones distintas sobre la sociedad. Pero hemos creado un espacio de colaboración en algunos asuntos esenciales para los tinerfeños. En cada reunión del Pleno llegamos a acuerdos institucionales con todas las fuerzas que representan a la ciudadanía de Tenerife. Lo hacíamos en la anterior legislatura con el PP y con el PSOE y ahora lo hacemos también con Podemos que se han sumado a en numerosas ocasiones a nuestras propuestas y eso es positivo y bueno para la Isla.

Ojalá ese espíritu pudiera repetirse en muchos otros lugares de Canarias en donde la vieja política de los enfrentamientos cerriles, las acusaciones gratuitas, la bulla y la confusión, crea un ambiente donde se trabaja más en lo que va a salir en los medios de comunicación que en los asuntos que tienen que ver con una mejor vida de la gente. Esa sí es una política vieja y caduca que ha terminado cansando a los ciudadanos.

 

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